jueves, 2 de abril de 2009

Chile. ....... Santiago..... aproximación


La primera vez que pise nuevamente las calles de Santiago, ya no estaban ensangrentadas. Hacía poco que el tío pinocho había perdido su referéndum, cosa que les ha sucedido históricamente a todos los generales menos al tío Paco, que los ganaba por goleada.


Con la democracia aun en mantillas, a la gente de la calle se le notaba el temor en sus caras. Recuerdo que paseando con un grupo de amigos por la capital, evitaban que sumáramos más de cuatro, algo que por lo visto estaba prohibido en la época todavía reciente.


Pero dejando las connotaciones varias, tengo que contar que Santiago de Chile y el país en general me causo una impresión extraordinaria que se fue acrecentando en posteriores visitas.


Recuerdo gratamente el pequeño y encantador hotel Manqueue con su estilo inglés y su Hamlet Bar, cerca del estadio Italiano y convenientemente alejado del terrorífico estadio Nacional. Visto con la perspectiva de hoy, podría ser perfectamente uno de esos “hoteles con encanto” por el que te pasan unas facturas de escándalo.


Percibí que Chile era un país de orden, con escasa corrupción visible y una seguridad equiparable a cualquier democracia consolidada europea. Nada que ver con otros donde la mordida está institucionalizada y que en Chile me aconsejaban fervientemente mis amigos que ni se me ocurriera, porque intentar sobornar a un carabinero “paco” en el lenguaje coloquial, le había costado cárcel a más de un turista confundido.


Por su cultura, su forma de vida y su gente, lo más cercano a Europa que conozco cruzando el charco.


Tierra hermosa que es muy interesante visitar. En otros momentos de este blog, aparecerán visitas concretas y sitios con encanto, pero ahora, solo quiero reflejarles el embrujo que me llegó del país en general, de su gente, y lo recomendable desde mi punto de vista que sería conocerlo.

miércoles, 1 de abril de 2009

Vacaciones en América. Iniciando el viaje

Cuando lo europeos nos planteamos viajar a América de vacaciones, generalmente pensamos, o yo lo hago, que menos de diez o doce días no merece la pena ir. Hay que tener en cuenta que salgamos de donde salgamos, vamos a perder un día tanto a la vuelta como la ida. Por lo tanto, entre la adaptación al horario, al sitio y otras zarandajas, un viaje de diez días se queda en siete útiles para disfrutar.

Por eso, yo siempre aconsejo que la gente se tome con cautela las fabulosas ofertas de “siete días en…..” porque en la letra pequeña aparece lo de... (cinco noches).

Si establecemos que al menos necesitamos diez días para un viaje decente allende los mares, también sería conveniente dilucidar de de donde salimos o que ciudad nos puede resultar más conveniente como punto de partida, ya que nos podremos ahorrar algunos enlaces en función de nuestro punto de origen y destino. Obviamente, la variable costo también puede influir en la elección de nuestra ciudad de inicio.

Pero calculando unos precios similares, a mí, la experiencia me aconseja que para Estados Unidos, la mejor salida es de Londres, mientras que para Centro y Sur América Madrid puede ser una buena opción, aunque no mucho mejor que París o la misma Londres. Y como hoy, por suerte, Madrid-Londres o Madrid-Paris lo podemos conseguir por menos de cincuenta euros si sabemos buscar, la alternativa hay que planteársela en función de quien nos ofrezca la mejor entrada en el continente americano.


domingo, 29 de marzo de 2009

Rincón en Gran Canaria. Atardecer en Meloneras.


Si alguna vez están de paso o turismo por esta bella isla canaria y les apetece estar un rato ensimismados, con los cascos puestos o sumergidos en una lectura interesante, siéntese en la terraza del bar Tertulia del hotel Costa Meloneras.

Allí, con el sonido de las fuentes, junto a un palmeral y contemplando como la inmensa piscina esta aparentemente unida al calmoso mar de Maspalomas, pueden disfrutar de un café, la soledad en compañía y uno de los más bellos atardeceres de esta parte del planeta. Con el café, ponen una deliciosas galletitas tostadas, que cuando no me las como, casi siempre, las pongo en el murete de la fuente, y al instante unos gorrioncillos contribuyen a alegrarme, más si cabe, el instante idílico.

Desde cualquier parte de la isla es fácil llegar, basta buscar la silueta del Faro de Maspalomas, esta pegadito, o closer como dicen los ingleses que fueron de los primeros en disfrutarlos.

Rincón en Paris.Plaza Vendome

Desde cualquier lugar que esté en París, a veces me apetece coger el metro hasta la estacion de Les Tulleríes. Cruzo a la acera de enfrente al jardín, y comienzo mi disfrute por la rue Rivoli en dirección a la plaza de la Concordia pero sin intención de llegar. Casi siempre me pierdo antes y disfruto de este trozo de calle con soportales antes de alcanzar mi destino buscado, la plaza de Vendome.




Voy empapándome de lo lindo de esta ciudad mientras camino hasta encontrar la rue Castiglione, D. Baltasar, el “uomo universale” del renacimiento italiano, que me va a llevar directamente al paraíso del rico rico en la “rive droite” del mundo mundial, que igual que la otra “rive”, la gauche o izquierda, tiene unos encantos tan parisinos como singulares aunque de diferente signo económico, no así artístico, porque una de las miles de cosas que me gusta de esta ciudad de la luz es que la monumentalidad de sus calles y su arte es paralela en las dos orillas. Me recuerda lo de la “novela río” por la que transcurre la vida. Digresiones aparte, obviamente mi objetivo no es comprar aunque si admirar sus estupendos escaparates mientras pienso en lo que pudo haber sido y no fue.


Pero antes de llegar a la rue Castiglione, hay veces que me siento generoso conmigo mismo y me apetece entrar a cualquiera de los suntuosos hoteles que existen en este trozo de Rivoli que recorro y regalarme un café olé en algunos de los bares junto a la “creme de la creme” , o quizá curiosotes como yo que los pululan.

El recuerdo me va disipando los dispendios pero no así las cosquillas en el alma que me hicieron algunos cafes o whiskitos tomados en el Crillón o en Le Meurice, pero lo cierto es que resulta difícil no dejarse impresionar por la majestuosa entrada desde las Tullerías, o por los decorados de mármol, los preciosos candelabros y los imponentes suelos de mosaico. El restaurante del Meurice es uno de los más hermosos de la ciudad, con las mesas engalanadas de manteles de damasco y adornadas con candelabros de tres brazos y la mejor porcelana de Limoges.

La calle Castiglione finaliza en una plaza rectangular ubicada sobre la calle Saint-Honoré. En el medio, encontramos la Columna Vendome conocida también como la Columna de Austerlitz, de factura y belleza inferior a la de la Concordia, construida por Napoleón Bonaparte en honor a su victoria en esa batalla. Es por ello, que si miramos bien podremos ver en lo alto una escultura del emperador. Personalmente me encanta la estética de este sitio, sus farolas de clásico estilo parisino, su pavimento siempre limpio, algo no tan común en las calles de esta ciudad y sobre todo algo que choca en París, su escaso tráfico rodado.

Pero si interesante es la placita por su arquitectura y su historia, debemos recordar que famosa es porque aquí llegan personas de la jet-set internacional, ya sean reinas, princesas, modelos, cantantes, actrices o simplemente personas comunes y corrientes con mucho dinero. ¿Le gustaría comprar un reloj de Cartier, Maubossin o Buccellati? ¿Qué tal un collar Audemars Piguet, unos zarcillos Poiray o unas esmeraldas Alexandre Réza? ¿Algún perfume Chanel? No es broma, la Place Vendome alberga todas estas tiendas y un sitio tan emblemático como el hotel Ritz que cuenta con dos bares de tirar para atrás: el Hemingway y el Vendôme, para un cóctel romántico.

Tras curiosear lo justito por estos imponentes escaparates, mis pasos se dirigen hacia un lugar donde puedo hacer algo para mi muy especial, saborear relajadamente un kir royal, combinado de cassís y champagne, en el bar Hemingway. Se los recomiendo.

Nota para los cultos: La imagen bucólica de la rue Rivoli, es un óleo de un pintor parisino de apellidos españoles poco conocido que falleció en 1.969 a los 87 años. Eduard Leon Cortés, autor de muchas escenas urbanas en París y de las campiñas bretona y normanda.

viernes, 27 de marzo de 2009

París. Paseo desde El Sacre Coeur a Montmartre.


Hoy les quiero llevar de paseo por dos lugares que a mí me parecen especialmente encantadores, con dos estilos diferentes y con la suerte de estar uno a continuación del otro. En el primero, Sacre Coeur, contemplaremos un singular monumento y desde allí, descenderemos dando un paseo por unos los barrios más típicos de la bohemia parisina, Montmartre.

Desde cualquier punto de la Ciudad de la Luz, en metro podremos llegar hasta la estación de Abbesses en la línea 12 en dirección a la Porte de la Chapelle. Desde la estación está perfectamente indicado la ubicación del funicular para ascender a la basílica. Se puede usar el billete del metro o pagar un euro y medio por los cinco minutos de arrulladita. Otra opción es subir a pie por una interminable escalinata, que da paso a la fachada de la iglesia y al pórtico de tres arcadas que la precede, por encima del cual, aparecen las estatuas ecuestres del rey Luis el Santo o Juana de Arco.

Una vez arriba, visitamos la Iglesia dedicada al Sagrado Corazón de Jesús (en francés, Sacré Coeur) y que se consagró tras la invasión alemana, en 1919 con una campana muy historiada al ser una de las mayores del mundo, con un peso de casi diecinueve toneladas. Desde el punto de vista arquitectónico, es una curiosa mezcla de estilos románico y bizantino, teniendo cuatro cúpulas típicamente orientales. A mi me pareció una iglesia bastante tétrica, quizá por la poca iluminación que recibe por sus preciosas vidrieras y el silencio imperante, Desde el interior se puede acceder a la cripta, situada en el subterráneo, y a la cúpula, desde donde se admira una hermosísima vista de París que en días claros permite divisar hasta la torre Eiffel.

Después de la típica foto “..y al fondo Paris”, comenzamos el descenso agradable por Montmartre, el barrio de los pintores e inspirador de la famosa Boheme, que fue cuna de los impresionistas , de la bohemia parisina del siglo. XIX, y es un gustazo caminarlo en una bajada suave y disfrutar de su arquitectura, sus cafés, sus boulangeries y llegar en un lindo paseo hasta la plaza de Pigalle, haciendo el que guste, una visita al cementerio del mismo nombre en la Plaza de Clichy, famoso por albergar entre su nómina de muertos desde Alejandro Dumas novelista a Degas pintor, incluyendo a la famosa cantante Dalida, que por cierto tiene una estatua en un rinconcito del barrio. Este lugar simboliza el París artístico, quijotesco, apacible, y casi caprichoso que chifla a todo los románticos que por el mundo pululan.


El barrio, que es mucho barrio, permite también otra opción a los cinéfilos que se quedaron pillados con Amelíe. Esta el bar donde trabajaba que sale en la peli, café Deux Molins Rue Lepic 12, a casi cuatro euros un café, se puede visitar igualmente la frutería del señor Colignon, la puerta de la casa de la protagonista, el tío vivo y todo lo que le pueda interesar a los fans de la película. Toda la ruta está marcada en cualquier plano de Monmartre.

Finalmente nos encontramos con la Plaza de Pigalle y su avenida llena de lugares interesantes, pero Pigalle ya es otra zona y otra visita, pero antes de abandonar el el barrio si quisiera comentarles algo.

A mi, personalmente, despues de este romantico y evocador paseo lo que me apetece y hago, es sentarme en la plaza de Monmartre y disfrutar de un atardecer parisino frente a una taza de chocolate y con el alimento para el alma de los cálidos olores de la pâtisserie de la esquina. Realmente gratificante e impagable saborear este lugar y esta canción.




lunes, 23 de marzo de 2009

Rincon en Londres. St. Martin-in-the-Fields.

Unos de mis muchos lugares con encanto de Londres, reúne varias características que lo hacen especial. El entorno urbano, la monumentalidad arquitectónica y el contenido lúdico. Es una iglesia situada en pleno centro, Trafalgar Square, que ya sabemos como llegar, y para ubicarnos coloquialmente, nos ponemos en la plaza, miramos a la National Gallery y justo a la derecha del museo, vemos la iglesia de St. Martin-in-the-Fields.

Diseñada por James Gibbs en 1726, es definitivamente una maravilla arquitectónica. El frente del oeste tiene un hermoso pórtico corintio rodeado de un capitel elevado. Las seis columnas del pórtico se levantan en un grupo de escaleras por sobre St Martin´s Lane. Actualmente, la iglesia se dedica a la realización de muchas actividades, algunas de caridad. St Martin´s alberga las tumbas de muchos famosos como Nell Gwynn, amante de Charles II, de los pintores William Hogarth y Joshua Reynolds y del renombrado artesano Thomas Chippendale, el de los muebles. Recientemente se terminó una restauración financiada por el palacio real, es la iglesia oficial de la familia, en la que una parte crucial, ha sido la colocación tras el altar de una nueva vidriera, una composición abstracta monocroma con una estructura de acero inoxidable que evoca el sufrimiento de Cristo en la Cruz, que le regala una luz que antes no tenia.

Pero si la brillantez artística de la iglesia es inconmensurable, lo que a mi me llamo la atención fue, que en invierno casi todos los mediodías, puedes oír música clásica en vivo. Con independencia a esto, hay conciertos especiales programados o ciclos musicales generalmente gratuitos. Y, aprovechando los mediodías, hay algo que para los españoles hace diferente este lugar. Por un lateral del interior hay una escalera que nos conduce a una cripta subterránea llena de sorpresas, porque no estamos a este tipo de cosas en nuestras iglesias o en catedrales, algo que es muy común en las anglicanas.

Lo primero que no encontramos es una librería de textos religiosos, folletos y recuerdos, para luego dar paso a un estupendo restaurante donde podemos desayunar, o a esta ahora almorzar unos platos de la cocina inglesa mas típica pero con muy buena factura y a unos precios interesantes. Además, contribuimos a sostener obras de caridad pues parte de los ingresos de la comida y bebida se dedican a ayudar a los homeless londinenses a través de The Connection.
Tras una buena comida, saldremos por una escalera directa a la calle y podremos contemplar una minúscula capilla antes de llegar nuevamente al bullicio urbano.

viernes, 20 de marzo de 2009

Rincones con encanto

Igual que el viajero se encuentra a veces, hoteles, restaurante y bares con encanto, se puede encontrar en algunas ciudades, rincones y puntos que recuerdan o seducen por su especial embrujo o el encantamiento que producen en nosotros, que ojo, no tiene que ser igual para todos y esa es una de las diferencias fundamentales que se aprecia entre un viajero y un turista. Lo que para alguien pueda ser lo más maravilloso de una ciudad, a otros no tiene por que decirle nada.

Pues bien, de esos lugares sorprendentes por algún razón especifica, es de lo que quiero hablar en este espacio d e vez en cuando. Evocar algún sitio y contarles cuales fueron mis impresiones o la razón de mi encantamiento. Entre col y col, viaje, meteré alguna lechuga de lugar, que si comparten conmigo bien, y si no, ahí queda para que lo disfruten y si pueden lo vean, y comprueben si al lector le produce lo mismo o justo lo contrario.

Tengo mis rinconcitos en Canarias, Madrid, Londres, Marrakesh, América y en fin, creo que en cada sitio que he visitado me ha dado tiempo casi siempre para disfrutar, de un ratito de soledad, compartida o no, en alguna parte de especial atractivo.

Valga como ejemplo el Campo dei Fiore en Roma. Cada vez que puedo, me siento en cualquier terraza de esta piazzeta y revivo instantes maravillosos frente una focaccia acompañada de su birrita a la spina, mirando la estatua Giordano Bruno quemado aquí mismo en el año 1600 , o recordando a la soberbia signora Ana Magnani en la película del mismo nombre de la plaza y saboreando el bullicioso entorno.